
En 1927, Después de duros combates con Chiang Kai-shek, líder del Kuomitang, Mao Zedong y su grupo guerrillero se refugiaron en las montañas de Jinggang en el sudeste de China, luego de haber librado una dura batalla en la que el propio Mao estuvo a punto de ser fusilado, pero logro escapar de los guardias que lo llevaban al lugar del fusilamiento, ordenó: “Enterremos a nuestros muertos, curemos nuestros heridos y avancemos”. Han pasado más de ochenta años y China sigue avanzando, a pesar de haber sufrido una revolución, reformas y contrarreformas, cambios, transformaciones, siguen avanzando.
¿Es la cultura China especial? ¿Qué la hace diferente y especial? Lo cierto es que, otro líder chino fiel a su famosa frase de que "Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones", pronunciada en 1960, y que tantas críticas le ocasionó, Deng Xiaoping, junto a sus más cercanos colaboradores, como Zhao Ziyang, Hu Yaobang en 1979 dio origen a las reformas con el propósito de avanzar en las llamadas "cuatro modernizaciones" (de la economía, la agricultura, el desarrollo científico y tecnológico y la defensa nacional) y ponía en marcha un ambicioso plan de apertura y liberalización de la economía.
El desarrollo económico debido a la profundización de las reformas emprendidas por Deng, y la apertura económica no se detuvo porque continuó con una aceleración sin precedentes del crecimiento económico y de la inversión extranjera en la República Popular China durante los años 1990.
Hoy podemos tener claro que China podría ser la segunda economía mundial en 2020 y quizá la primera durante el 2050, si es que sigue creciendo anualmente a tasas de dos dígitos (10% a 11%). China es actualmente la tercera locomotora del llamado “tren de la economía global”[1]
Para el Perú la situación económica del gigante asiático es fundamental para sus intereses económicos-comerciales debido a la firma del TLC con ese país. China es el segundo destino de las exportaciones peruanas, después de Estados Unidos. En el 2007, los envíos peruanos al país asiático alcanzaron los 3.040,5 millones de dólares, mientras que las importaciones desde China sumaron 2.255,9 millones de dólares.
Latinoamérica ha estado tradicionalmente bajo la influencia de Estados Unidos, pero sus vínculos con China impulsaron el auge de su economía por el aumento de las exportaciones y las inversiones, mientras que el Gobierno de Washington se enfocó en la guerra con Irak y ahora en la crisis financiera mundial[2].
Perú estima que el pacto comercial con China tendrá un impacto positivo cercano al 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). "La revisión legal me imagino la estaremos culminando (...) en marzo digamos con certeza, y ya estaríamos listos para suscribir el tratado formalmente, esto va acompañando de un proceso de asociación estratégica", detalló la ministra peruana de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz.
El TLC con Perú sería otra señal más del impulso que China prevé dar a sus relaciones con América Latina. China ya tiene un pacto comercial con Chile y este mes publicó un libro blanco sobre su política en América Latina y el Caribe, señalando la importancia de la región.
China se ha convertido en un importante socio comercial de Latinoamérica. El intercambio entre ambos bloques creció 13 veces desde 1995, para superar los 100.000 millones de dólares en el 2007. En octubre último, China se convirtió en un miembro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y se comprometió a contribuir con 350 millones de dólares a la institución.
Además, varias compañías chinas han aterrizado en América Latina con una creciente inversión en el área energética y minera de la región, rica en recursos naturales. En Perú, empresas como Shougang, Chinalco y Zijin, todas en el área minera, tienen planes de inversión que superan los 4.500 millones de dólares.
Agustín Curisaca se toma una breve pausa antes de contestar la pregunta. "No, no hay un barrio chino ni nada por el estilo. En general, los chinos no tienen muy buena fama acá", señala el funcionario de la Municipalidad de Marcona, una ciudad desértica peruana de menos de 15.000 habitantes, ubicada en el costero departamento de Ica. Ese hecho no es menor, en especial si se considera que gran parte de la economía de la ciudad depende de una sola empresa china.
En 1992, cuando se privatizó y vendió la empresa Hierro Perú, que opera la mina de Marcona, la mayor productora de hierro del país, "los sindicatos veían con buenos ojos la venta a una empresa como Shougang Corporation, proveniente de la República Popular China", explica el economista peruano Carlos Aquino, profesor de la Universidad San Marcos en Lima y especialista en economía asiática. Pero desde entonces "casi cada año Shougang Hierro Perú tiene una o más huelgas generales. La cultura laboral confuciana de China, de largas horas y fidelidad a la empresa, colisionó de frente con la latinoamericana, más... relajada, por describirla de alguna forma", explica Aquino.
Shougang también enfrenta otras acusaciones, además de laborales. "La empresa contamina, y controla los servicios de electricidad y agua en la ciudad y eso es algo que no puede seguir", alega Curisaca. A tal nivel llega la animosidad que este año una regidora municipal fue encarcelada por participar en un intento de incendio de las oficinas de Shougang. El mismísimo alcalde de la ciudad también está acusado de haber estado involucrado en los hechos.
Marcona debería ser un caso de estudio obligado en efectos de las barreras culturales para las empresas asiáticas que buscan invertir en proyectos mineros o energéticos en América Latina, dos sectores en los que han mostrado particular interés para así asegurarse fuentes de abastecimiento de materias primas. "Estas barreras pesan. Hace años dirigentes chinos anunciaron millonarias inversiones directas en Perú y otros países, pero si uno mira las cifras oficiales no se han plasmado mucho", comenta Aquino, de la Universidad San Marcos.
A las barreras culturales naturales que cualquier inversión asiática en la región debe sortear, como el idioma, distancia y costumbres, se suma el actual escenario macroeconómico global de desaceleración y recesión, que afectará las tasas de crecimiento de todos los países asiáticos, incluida China. Por defecto, el menor crecimiento en la región oriental redundará en menor crecimiento en América Latina.
Pero, ¿Es importante la cultura en los negocios?
Primero debemos indicar que el negocio internacional difiere del negocio nacional debido a que los países y las sociedades son distintos. Entonces estamos ante variaciones culturales, que se deben a diferencias en la estructura social, la religión, la lengua, la educación, la filosofía económica y la filosofía política.
Las implicancias negativas de toda empresa que se traslada al extranjero corre el primer riesgo de ser mal informado, además, el problema de adaptarse a los sistemas de valores y normas de la cultura de destino, el etnocentrismo o la creencia de la superioridad de la propia cultura o de un grupo étnico. El etnocentrismo se acompaña de un menosprecio hacia la cultura de otros países. Desagraciadamente, el etnocentrismo todavía prevalece; muchos estadounidenses, franceses, japoneses, ingleses, etc., lo exhiben. Con lo desagradable que es, el etnocentrismo es una realidad y un factor contra la cual los negocios internacionales deben tomar precauciones.
El Perú y sobretodo los empresarios peruanos deben tener en cuenta este factor que aparentemente no tiene importancia, pero si lo tiene y mucho. Por ejemplo, puesto de manera simple, los sistemas y valores y normas de un país afectan los costos relativos a las actividades empresariales en el país de destino. Los costos para hacer negocios en un país influyen en la capacidad empresarial para obtener ventajas competitivas en el mercado global. ¿Estamos preparados los empresarios peruanos para hacer negocios en el marco de un tratado de libre comercio con Estados Unidos y China? Si no lo estamos, por lo menos tomemos el asunto como un gran reto. O glosando a Mao, podríamos decir: “enterremos nuestras taras (debilidades), curemos nuestros errores (mejorando la calidad de nuestros productos y dándoles mayor valor agregado) y avancemos (preparándonos y capacitándonos constantemente).
[1] Arnoldo Rozemberg, APEC, Perú 2008, Suplemento Especial del diario La República, 16 de noviembre de 2008, pág. 26.
[2] AméricaEconómica.
¿Es la cultura China especial? ¿Qué la hace diferente y especial? Lo cierto es que, otro líder chino fiel a su famosa frase de que "Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones", pronunciada en 1960, y que tantas críticas le ocasionó, Deng Xiaoping, junto a sus más cercanos colaboradores, como Zhao Ziyang, Hu Yaobang en 1979 dio origen a las reformas con el propósito de avanzar en las llamadas "cuatro modernizaciones" (de la economía, la agricultura, el desarrollo científico y tecnológico y la defensa nacional) y ponía en marcha un ambicioso plan de apertura y liberalización de la economía.
El desarrollo económico debido a la profundización de las reformas emprendidas por Deng, y la apertura económica no se detuvo porque continuó con una aceleración sin precedentes del crecimiento económico y de la inversión extranjera en la República Popular China durante los años 1990.
Hoy podemos tener claro que China podría ser la segunda economía mundial en 2020 y quizá la primera durante el 2050, si es que sigue creciendo anualmente a tasas de dos dígitos (10% a 11%). China es actualmente la tercera locomotora del llamado “tren de la economía global”[1]
Para el Perú la situación económica del gigante asiático es fundamental para sus intereses económicos-comerciales debido a la firma del TLC con ese país. China es el segundo destino de las exportaciones peruanas, después de Estados Unidos. En el 2007, los envíos peruanos al país asiático alcanzaron los 3.040,5 millones de dólares, mientras que las importaciones desde China sumaron 2.255,9 millones de dólares.
Latinoamérica ha estado tradicionalmente bajo la influencia de Estados Unidos, pero sus vínculos con China impulsaron el auge de su economía por el aumento de las exportaciones y las inversiones, mientras que el Gobierno de Washington se enfocó en la guerra con Irak y ahora en la crisis financiera mundial[2].
Perú estima que el pacto comercial con China tendrá un impacto positivo cercano al 1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). "La revisión legal me imagino la estaremos culminando (...) en marzo digamos con certeza, y ya estaríamos listos para suscribir el tratado formalmente, esto va acompañando de un proceso de asociación estratégica", detalló la ministra peruana de Comercio Exterior y Turismo, Mercedes Aráoz.
El TLC con Perú sería otra señal más del impulso que China prevé dar a sus relaciones con América Latina. China ya tiene un pacto comercial con Chile y este mes publicó un libro blanco sobre su política en América Latina y el Caribe, señalando la importancia de la región.
China se ha convertido en un importante socio comercial de Latinoamérica. El intercambio entre ambos bloques creció 13 veces desde 1995, para superar los 100.000 millones de dólares en el 2007. En octubre último, China se convirtió en un miembro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y se comprometió a contribuir con 350 millones de dólares a la institución.
Además, varias compañías chinas han aterrizado en América Latina con una creciente inversión en el área energética y minera de la región, rica en recursos naturales. En Perú, empresas como Shougang, Chinalco y Zijin, todas en el área minera, tienen planes de inversión que superan los 4.500 millones de dólares.
Agustín Curisaca se toma una breve pausa antes de contestar la pregunta. "No, no hay un barrio chino ni nada por el estilo. En general, los chinos no tienen muy buena fama acá", señala el funcionario de la Municipalidad de Marcona, una ciudad desértica peruana de menos de 15.000 habitantes, ubicada en el costero departamento de Ica. Ese hecho no es menor, en especial si se considera que gran parte de la economía de la ciudad depende de una sola empresa china.
En 1992, cuando se privatizó y vendió la empresa Hierro Perú, que opera la mina de Marcona, la mayor productora de hierro del país, "los sindicatos veían con buenos ojos la venta a una empresa como Shougang Corporation, proveniente de la República Popular China", explica el economista peruano Carlos Aquino, profesor de la Universidad San Marcos en Lima y especialista en economía asiática. Pero desde entonces "casi cada año Shougang Hierro Perú tiene una o más huelgas generales. La cultura laboral confuciana de China, de largas horas y fidelidad a la empresa, colisionó de frente con la latinoamericana, más... relajada, por describirla de alguna forma", explica Aquino.
Shougang también enfrenta otras acusaciones, además de laborales. "La empresa contamina, y controla los servicios de electricidad y agua en la ciudad y eso es algo que no puede seguir", alega Curisaca. A tal nivel llega la animosidad que este año una regidora municipal fue encarcelada por participar en un intento de incendio de las oficinas de Shougang. El mismísimo alcalde de la ciudad también está acusado de haber estado involucrado en los hechos.
Marcona debería ser un caso de estudio obligado en efectos de las barreras culturales para las empresas asiáticas que buscan invertir en proyectos mineros o energéticos en América Latina, dos sectores en los que han mostrado particular interés para así asegurarse fuentes de abastecimiento de materias primas. "Estas barreras pesan. Hace años dirigentes chinos anunciaron millonarias inversiones directas en Perú y otros países, pero si uno mira las cifras oficiales no se han plasmado mucho", comenta Aquino, de la Universidad San Marcos.
A las barreras culturales naturales que cualquier inversión asiática en la región debe sortear, como el idioma, distancia y costumbres, se suma el actual escenario macroeconómico global de desaceleración y recesión, que afectará las tasas de crecimiento de todos los países asiáticos, incluida China. Por defecto, el menor crecimiento en la región oriental redundará en menor crecimiento en América Latina.
Pero, ¿Es importante la cultura en los negocios?
Primero debemos indicar que el negocio internacional difiere del negocio nacional debido a que los países y las sociedades son distintos. Entonces estamos ante variaciones culturales, que se deben a diferencias en la estructura social, la religión, la lengua, la educación, la filosofía económica y la filosofía política.
Las implicancias negativas de toda empresa que se traslada al extranjero corre el primer riesgo de ser mal informado, además, el problema de adaptarse a los sistemas de valores y normas de la cultura de destino, el etnocentrismo o la creencia de la superioridad de la propia cultura o de un grupo étnico. El etnocentrismo se acompaña de un menosprecio hacia la cultura de otros países. Desagraciadamente, el etnocentrismo todavía prevalece; muchos estadounidenses, franceses, japoneses, ingleses, etc., lo exhiben. Con lo desagradable que es, el etnocentrismo es una realidad y un factor contra la cual los negocios internacionales deben tomar precauciones.
El Perú y sobretodo los empresarios peruanos deben tener en cuenta este factor que aparentemente no tiene importancia, pero si lo tiene y mucho. Por ejemplo, puesto de manera simple, los sistemas y valores y normas de un país afectan los costos relativos a las actividades empresariales en el país de destino. Los costos para hacer negocios en un país influyen en la capacidad empresarial para obtener ventajas competitivas en el mercado global. ¿Estamos preparados los empresarios peruanos para hacer negocios en el marco de un tratado de libre comercio con Estados Unidos y China? Si no lo estamos, por lo menos tomemos el asunto como un gran reto. O glosando a Mao, podríamos decir: “enterremos nuestras taras (debilidades), curemos nuestros errores (mejorando la calidad de nuestros productos y dándoles mayor valor agregado) y avancemos (preparándonos y capacitándonos constantemente).
[1] Arnoldo Rozemberg, APEC, Perú 2008, Suplemento Especial del diario La República, 16 de noviembre de 2008, pág. 26.
[2] AméricaEconómica.